domingo, 9 de mayo de 2010

Sociedad


Lo que nos mata no es el tiempo
Sino la soledad
Caminamos silentes con miradas esquivas
Los ángeles guardianes no son de verdad

Entregamos nuestros deseos al azar
Pero la verdad es que
La vida con cartas o dados no sabe jugar

Bajo la inquisición del deseo
La curiosidad acusada cayó
Incinerada en público un mensaje asfixiante al pueblo dejó:

“¡Hemos sido engañados!
¡La tristeza solo existe porque el hombre a la mentira adoró!”

El cielo imponente se redujo a un cuadrado
El mar invencible en un cajón se guardó.

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