miércoles, 28 de octubre de 2009

Muerte de los mitos


Eran pocos los gigantes que aún quedaban de pie
Dioses perseguidos por la herejía de su existencia
Vagabundos ocultos en las montañas más frías
En lo mares más profundos, en los cielos más nublados

Bóreo, el gigante alado, guía a sus hijos por la noche
Las sombras hacia sus pasos de gigante al hombre supieron dirigir
Los arbustos y rocas son cómplices con el silencio
La tierra ansiosa espera un festín

Las pisadas ligeras del animal rastrero acarician el viento
Una voz maldice a la tierra que jadea al hablar
La luna parca oculta su lamento
Hijos suyos morirán hoy.

El asecho vehemente busca el cuadro perfecto
Sus ojos reflejan el brillo de la emoción
Son pequeñas luces que parpadean a los lejos
Son luciérnagas asesinas que se alimentan del horror

Bóreo se acurruca en la caverna de los sueños
Sus hijos con la curiosidad saben jugar
Sus nombres las estrellas cariñosamente susurran
La distancia traidora da la señal para atacar.

El hombre corta y bebe sin apuro
Desgarra y arranca los miembros sin parar
La sangre inunda a la tierra que se ahoga con malicia
Pero los hijos del gigante por el cielo aún se dejan cautivar.

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